8 secretos del smart food para preservar la calidad alimentaria

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Cada vez más los lineales de los supermercados ofrecen alimentos inteligentes: esto es lo que se conoce como smart food. Pero, ¿en qué consisten? Son alimentos que por medio de la aplicación de nuevas tecnologías y nanotecnologías ven mejorada su calidad alimentaria. Además, la seguridad alimentaria está plenamente contemplada en sus investigaciones.

Las innovaciones que se aplican a la smart food se pueden implementar en la producción, elaboración, envasado y consumo de toda la industria alimentaria

Mejoras en la producción

Las investigaciones en smart food han desarrollado nuevos modelos productivos, mucho más eficaces de los que se vienen utilizando.

Y es que la agricultura es un sector en el que los modelos productivos apenas han tenido variaciones en los últimos mil años. Tan solo se introdujeron máquinas, las cuales mejoran la calidad de vida de los agricultores al ayudarle en sus laborales a desarrollar, y se logró aumentar la producción con métodos poco sostenibles con el medio ambiente y que en muchas ocasiones son perjudiciales para la salud de los consumidores.

En el caso de las smart foods la producción de alimentos se realiza utilizando los recursos propios del terreno. Se realizan inversiones para conseguir mejoras en los procesos productivos, como la de estudios para la elección de las mejores zonas para plantar determinados productos, sin utilizar químicos perjudiciales para la salud.

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Uso de energías renovables para la producción y la elaboración

La FAO advirtió allá por 2011 que el sistema alimentario mundial necesitaba reducir la dependencia de los combustibles fósiles en la producción y elaboración de los alimentos. Por esta razón, se puso en marcha el programa de alimentos energéticamente inteligentes para la gente y el clima.

Este programa ESF (por sus siglas en inglés) se sustenta en tres pilares básicos: la eficiencia energética, el mayor uso de energías renovables y el acceso a la energía y a la seguridad alimentaria a través de la producción integrada de alimentos y energía.

Entre sus objetivos se encuentra el de dejar de lado los combustibles fósiles en la cadena agroalimentaria, valorando las oportunidades para poner en práctica otros sistemas energéticamente inteligentes, sin dejar de lado la seguridad alimentaria.

Para lograrlos, desde la FAO proponen sensibilizar y compartir la base del conocimiento, creando sinergias y colaboraciones para dar a conocer los avances en la materia. Sus estudios están centrados en el nexo entre energía, alimentación, agua y clima.

Consumo sostenible en el tiempo y en determinadas zonas

El concepto de smart food contempla el uso de alimentos cuando estén en temporada, y dependiendo de la zona en la que se encuentren los consumidores.

Por ejemplo, utilizar las setas en otoño para la elaboración de platos, o las judías verdes en primavera. Es decir, una vuelta a los orígenes. Antes de la globalización, las personas consumían los distintos productos cuando se encontraban en temporada y los platos de cada zona se elaboraban con alimentos que nacían de manera natural en las cercanías. Y precisamente esto es lo que se promueve desde el movimiento smart food: consumir de manera responsable en el momento en que la producción es más óptima, favoreciendo de esta manera la calidad alimentaria.

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También se apuesta por el consumo por zonas: de esa forma se evita que los alimentos se estropeen o deban conservarse con métodos agresivos para que puedan aguantar largos períodos de tiempo, ahorrando también el combustible utilizado en el transporte de los mismo.

Generar riqueza en cada zona

Relacionado con el punto anterior, si se consumen productos de la zona donde se reside, se logrará generar riqueza en la misma. Estos beneficios repercutirán de manera directa en el lugar de residencia, pudiendo mejorar no solo los medios productivos, sino los servicios y la calidad de vida de las personas que viven cerca.

Envasado

En la industria del smart food el envasado de los alimentos ocupa un lugar destacado. Y es que no siempre se pueden consumir productos frescos. Por ello, es necesario que los envases respeten de manera total las características peculiares de cada alimento.

La investigación para lograr los envases más inteligentes se basa en nanotecnologías, que favorecen la comunicación entre productor y consumidor. Gracias a ellas, se puede conocer la calidad microbiológica, las condiciones de almacenamiento entre la producción y el consumo, como la humedad, la temperatura o la luz a la que ha sido expuesto. También se pueden conocer los tratamientos tiempo-temperatura y el tiempo de exposición del producto, entre otras. Todo esto beneficia a la seguridad alimentaria.

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Los materiales utilizados están formados por diferentes nanoestructuras, que permiten presentar diferentes valores de permeabilidad al agua y los gases, atendiendo de esta manera a los requisitos de conservación de frutas, verduras, carnes, pescados y bebidas.

Además, estos materiales también pueden diseñarse de forma que tengan diferentes resistencias a la luz (menor o mayor dependiendo de las necesidades particulares de cada producto) o que cuenten con diferentes propiedades térmicas y mecánicas, que afectarán al tiempo de almacenamiento del producto y en la mejor conservación de las características químicas, físicas u organolépticas. También facilitan el transporte.

La elaboración en el momento

Estas nuevas industrias apuestan por una elaboración en el momento de ser consumido. De esta manera se aseguran que las propiedades alimenticias de los productos se conserven de la mejor manera posible, poniendo especial atención al sabor y a la calidad alimentaria.

Es cierto que este tipo de elaboración suele llevar más tiempo y ser más costosa que el cocinar los alimentos en grandes cantidades y congelar lo que no se vaya a consumir en el momento. No obstante, los beneficios son mayores: se puede disfrutar más de la comida y contar con sus propiedades alimenticias en total, sin sufrir pérdidas.

Los consumidores tiene la última palabra

Los consumidores tienen mucho que decir respecto a la smart food. Los expertos en marketing de los diferentes sectores industriales advierten de que el consumidor es a quien debe ir orientado un producto.

Por este motivo, la industria de los alimentos inteligentes también tiene muy en cuenta al consumidor y sus gustos: siempre se planifican los platos en función de lo que les gusta a los clientes, y según sus necesidades dietéticas. Así, se encuentran nichos de mercado nuevos donde introducir los productos.

Para poder conocer qué es lo que desean los consumidores, antes de comenzar ningún tipo de actividad industrial se les debe preguntar de manera directa. Se puede recurrir para ello a las encuestas telefónicas o a través de Internet, así como a los perfiles en las redes sociales o formular preguntas en foros de opinión.

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Una vez se tengan recogidos los resultados, deberán procesarse y serán los gestores de la empresa alimentaria los que los estudiarán y decidirán cuáles son los productos que tendrán mejor salida en el mercado.

De esta manera, se logran dos retos: ganar la cuota de mercado que permita a la empresa mantenerse en el mismo, y también el de no producir alimentos que nunca serán consumidos, ahorrando así el coste monetario, energético y de recursos naturales.

Dieta equilibrada

Lo que es seguro es que los consumidores buscan una dieta equilibrada, para mantenerse en forma y contar con una buena salud.
La calidad alimentaria tiene mucho que decir al respecto. Está demostrado que una buena alimentación mejora la salud de las personas y son muchos los que leen las etiquetas de los productos buscando la mejor alimentación.

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Es por eso que la smart food está basada en alimentos que el cuerpo necesita para funcionar correctamente, sin abusar de aquellos que son malos para la salud, como las grasas saturadas o los azúcares. De esta manera, cada vez se ven más establecimientos que apuestan por los alimentos ecológicos o los productos de origen vegetal, más saludables para el organismo humano.

Todas estas herramientas son relativamente fáciles de implementar en el negocio alimentario más tradicional, aunque la mayoría de ellas precisan de inversiones y cambios en los métodos productivos. Por ejemplo, los negocios que se basan en la comida rápida o la venta ambulante, pueden mejorar los procesos y los alimentos que ofrecen, sustituyendo los congelados por productos frescos y las fuentes de alimentación energética para los frigoríficos y otros electrodomésticos por energías renovables. Además, se pueden realizar testeos entre los consumidores para sustituir las carnes por vegetales, o en las guarniciones, cambiar las patatas fritas por verduras salteadas y otros acompañamientos más saludables.

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Sin duda, la industria alimentaria se desarrollará en el sentido de la smart food, no solo por los beneficios que ofrece para las personas en términos de salud, sino por los que se consiguen en la protección del medio ambiente.

Para cualquier empresario del sector de la alimentación es fundamental comenzar a trabajar para ajustar los procesos a las nuevas formas de producción y ofertar productos que realmente interesen a los consumidores. Esas empresas que logren adaptar las herramientas de la smart food a su calidad y la seguridad alimentaria tienen muchas más posibilidades de sobrevivir y ser rentables para los empresarios.

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